La conferencia de José Tomás «Recuerdos de Andrés Segovia» es un documento único y extremadamente valioso del gran maestro alicantino, donde nos describe con todo lujo de detalles sus inicios en la guitarra y sus experiencias con Andrés Segovia.
Es importante destacar que el texto que se expone a continuación es una transcripción literal de la conferencia dada por el maestro José Tomás en el acto organizado por Jorge Orozco que se celebró el 26 de abril de 1996, en la Biblioteca Municipal de Vall d´Uixó (Castellón).
Por esa razón, se han conservado las locuciones, expresiones y reiteraciones que son más propias del lenguaje coloquial hablado que del lenguaje escrito. Para los interesados en ver y escuchar esta conferencia-coloquio de José Tomás se han incluido, al final del texto, los enlaces directos a este acto.
“Confieso que esto es una improvisación. Porque yo no soy conferenciante. No la considero una conferencia sino una charla informal recordando cosas con ayuda de vosotros, como un coloquio que, preguntando, preguntando… te sacan recuerdos”.
José Tomás
1ª PARTE
Introducción
Me gustaría contar con el apoyo de todos vosotros para esta pequeña charla. Esto no es una conferencia naturalmente, en la que van a salir recuerdos de mi vivencia, de los años que he pasado junto al maestro Segovia que es la razón fundamental de esta charla y también de experiencias personales que pudieran serviros a vosotros. Todo esto ocurrido en el pasado para mejorar cada uno, siempre tener, desde una mayor información a como plantearse a partir de estos momentos el proceso de trabajo de uno para lograr alcanzar siempre cosas mejores.
Entonces necesitaré de las preguntas porque a veces cuando uno quiere charlar sobre un tema tan vasto como es de Segovia pues naturalmente es muy fácil dispersarse. Que una idea se vaya diluyendo y se vaya marchando a otro sitio, y al final cosas concretas que, algunos, particularmente nos gustaría conocer sobre este tema que vamos a tratar pues uno no lo tratara, entonces… pero si tu estás interesado en algo y tiene que ser y lo pronuncias y de esta manera yo puedo sacar del baúl de los recuerdos y comentar algunos aspectos.
Porque hay que pensar que me gustaría que comentáramos sobre el maestro Segovia las distintas facetas suyas, como hombre, como guitarrista, como profesor, como creador de una escuela de guitarra que está establecida mundialmente, como compositor también, como transcriptor de obras, como adaptador de obras escritas originalmente para guitarra.

Es decir, creador de un repertorio y también, pues, como concertista, el haber llegado con la personalidad suya a que la guitarra, pues se toque hoy día en los teatros más importantes del mundo y sea un instrumento que se puede ya comparar y equiparar al violín o violonchelo con una tradición mayor que la guitarra, no por más edad, porque la guitarra es más antigua quizá que muchos instrumentos, pero el trato o el favor que ha recibido de los compositores o de los músicos instrumentistas pues no ha sido tan grande como el que han recibido instrumentos como el piano, que tiene un poder de creación mucho mayor que la guitarra porque es un instrumento tan amplio, puede producir unas obras de dimensiones mayores que la guitarra en sus reducidas dimensiones puede hacer. Pero el encanto de la guitarra con esas reducidas dimensiones pues también tiene su gran importancia.
Y para entrar en todo esto quizá me gustaría comenzar un poquito hablando de mí mismo, porque a la fuerza tengo que ser protagonista y utilizar el yo, no por ego, que odio el tener que hablar en primera persona, pero si por mi vinculación con el maestro Segovia. Y para llegar a él está lógicamente claro que habrá que decir cuáles son los orígenes con los cuales yo me entré en el mundo de la guitarra.
Como ahora estamos en este ambiente distendido, somos unos pocos pues voy a contar una serie de cosas que van a sonar a chiste y que son disparates, pero es que son auténticos disparates y es como se ha desarrollado mi carrera desde el absurdo más grande. Parece una película de los hermanos Marx o de Faemino y Cansado, o algo así y por ahí van los tiros.
Los inicios
“Se ha desarrollado mi carrera desde el absurdo más grande. Parece una película de los hermanos Marx o de Faemino y Cansado”
Yo comencé la guitarra tarde. Lo recuerdo cuando lo relaciono con los estudios que hice. Hice la carrera de comercio que se comenzaba a los 12 años. Y terminando el peritaje mercantil, sería cinco años más tarde, entonces cuando me interesé por la guitarra, ósea a los 17 años. Y fue por un accidente.
“Yo comencé la guitarra tarde…y fue por accidente”
La madre de un compañero de estudios, vecino además de casa vino para pedirme que fuera a llevarle a su hijo unos libros porque estaba enfermo en la cama y no podía salir a la calle y cuando me acerqué a su casa a él lo encontré sentado en la cama con una guitarra en las manos y no se me olvidará nunca su imagen porque este chico además padecía estrabismo y tenía los ojos cruzados. Así, mirando los dedos así y rasgueando torpemente unos acordes en la guitarra y yo desde mi ignorancia le dije:
J.T.: Hombre, no sabía que tocabas la guitarra.
Aquello era una gran cosa.
F.F.: Pues sí. Esto es fácil.
J.T.: ¿Cuánto tiempo cuesta aprender?

F.F.: Esto en una semana está hecho.
Claro, en una semana ¿quién no aprende un instrumento? Pues muy bien. Recordé que, en casa de una tía mía, hermana de mi madre, había visto una guitarra alguna vez. Y fui a verla y la guitarra existía, pero le faltaba un pedazo. Ya digo que es Faemino y Cansado y cosa de los hermanos Marx también. Y le pedí la guitarra a mi tía y entonces fui a este amigo mío y le dije:
J.T.: Mira, Paco.
Este chico se llama Francisco Francés Francés. Tiene las tres efes. Nunca se me olvidará. Y digo:
J.T.: Fíjate que la guitarra esta no podemos sacar nada porque está rota.
F.F.: No te preocupes que esto lo arregla el Carpi.
El Carpi era un carpintero. Claro, Carpi, carpintero. Vecino de él y fuimos al Carpi.
– Oye puedes hacer algo con esto.
– Si, claro.
Y cogió un pedazo de madera. Creo que de una caja de botes de La Lechera. De leche condensada porque tengo la imagen de la etiqueta. Y coge un bote de cajas, coge una madera, la corta y lo pega. Claro, aquello tenía un aspecto feo, la verdad no era muy atractivo.
A todo esto, nadie había puesto las manos en aquella guitarra. Y con otra prima, vecina de donde nosotros vivíamos, que vivía en una manzana de casas nada más, también hermana de mi madre, la hija Marisa que estudiaba piano Menciono estas personas porque forman parte luego después de como la carrera se inicia. Pues le lleve la guitarra, digo:
J.T.: Mira Marisa, ya tengo la guitarra, me la han arreglado, pero fíjate que fea esta. ¿Qué te parece? ¿la pintamos?
Y como la cosa más natural del mundo, vamos a pintarla. Y en una droguería de allí al lado de casa, compré el bote, el color que me pareció más apropiado lógicamente y es un bote de color gris perla y entonces, muy cuidadosamente barnizamos la guitarra aquella, le pusimos la capa de pintura. Quedó muy bien, eso si, y cuando ya le pusimos cuerdas e intentamos que aquello suene… pruf, pruf …
Era una cosa que no sonaba nada. Entonces después de razonar cuidadosamente llegamos a la conclusión de que la pintura impedía al instrumento sonar. Bueno pues a quitar la pintura y con un cuchillo la rascamos. O sea, que la pobre guitarra aquella sufrió la agresión del pedazo de madera, la pintura y después el cuchillo para tal … Bueno y ya tuvimos el instrumento y entonces voy con la guitarra esta a este amigo y digo:

J.T.: Y ahora, ¿qué hago?
Y el me presento al que había sido su profesor que realmente era un individuo que únicamente enseñaba acordes, ¿no? Y además con un hexagrama, es decir por cifras, donde en el hexagrama las líneas son las cuerdas de la guitarra y los números son los trastes. Y allí pues era: este es el acorde de do, este es el de re, este es el de dominante… y al cabo de una semana sí, yo tocaba aquello… pero claro a mí no me parecía bastante aquello porque esto cuando lo experimentaba con mi prima Marisa en su casa y ella tocaba Chopin y tocaba de todo y tocaba Mendelssohn con el piano, pues me parecía poco lo que podía hacer la guitarra.

No había estudiado nada de música y le explique que me dijera un poco las notas, Quería aprenderlas. Entonces me explicó que era un do, donde se escribía, lo que era un pentagrama, un compás y bueno en una semana prácticamente ya sabía lo que tenía que hacer porque era fácil aprender el orden de las notas, Y se produjo un hecho que dentro de este absurdo tan grande fue muy significativo, Aquel día tenía yo la guitarra afinada exactamente igual que el piano. Entonces ella tocaba solo una nota en el piano, y decía bueno esto es un do, entonces yo a lo largo y ancho de la guitarra iba buscando la nota hasta que sonaba igual y entonces observé que cada dos trastes se producía un tono y cada traste un semitono y de esta manera aprendí las notas en la guitarra.
Claro hoy en día me sirve mucho esto porque es instantáneo el encontrar una nota dentro de los diferentes equísonos dentro de la guitarra. Bueno, en el aspecto armónico me explicó que esta nota plantas una tercera y otra tercera y haces un acorde mayor. Ah, pues ya se armonía. Y con esos pequeños elementos me dediqué a trascribir obras para guitarra. O sea que invente un sistema que yo desconocía que existía. Y es tomar un fragmento de una obra de piano y tratar de llevarla a la guitarra. A todo esto, en la tienda de música donde compraba las cuerdas para guitarra, pues… antes quizá debo decir algo.
La profesora de piano de mi prima. Ella era una persona que llamábamos Capricho Árabe porque no era muy agraciada, una cara rara. Nosotros en la familia le llamábamos Capricho Árabe por lo siguiente. Mi prima estudiaba particularmente con esta profesora, pero los exámenes, tenía que hacerlos en Murcia.
Y la profesora esta viene un día a dar su clase de piano a mi prima y estaba yo allí en la casa y me comentó que había oído en Murcia un guitarrista, que pienso que debía ser Diaz Cano porque un guitarrista afincado en Murcia y por la época tuvo que ser Díaz Cano. Que había oído a un guitarrista tocando un concierto pero que la obra que más le había gustado era una obra que se llamaba Capricho Árabe de Tárrega. Se le quedó el nombre y vino a decírmelo.
Bueno, quiero decir también que la música que mi prima tocaba en el piano yo pretendía tocarla en la guitarra y me pasaba a cifra las notas que había en el piano. Cogía la melodía del piano y la pasaba a cifras, armónicamente hacia las cosas que más o menos intuía que se podía hacer y me hacía mis apaños.
Entonces voy a esta tienda de música y pido el Capricho Árabe de Tárrega para piano y van a sacarlo porque existe una transcripción para piano del Capricho árabe. Entonces hoy lamento no habérmelo quedado porque me gustaría tener el testimonio físico de aquella edición y cuando yo veo aquellas notas en la edición para piano, tantas notas y que yo tenía que transcribirlas después al hexagrama a cifras pues se me ocurre preguntar:
JT. – ¿Y esto no lo tenéis ya hecho para guitarra?
y dice:
– Claro que si
Y sacan de otra carpeta de música un montón de música para guitarra. Y ya aquello fue un descubrimiento para mí.
JT. – ¿Pero esto es todo para guitarra?
Y lo compré todo. Son las ediciones estas antiguas de Idelfonso Alier y Arcas y cosas antiguas. Me llevé todo aquello a casa. Y entonces me hablaron también allí en la tienda de que había unos discos de un tal Segovia creo recordar y cuando escucho aquello pues ya fascinado. Yo creo que es el fenómeno que nos ha ocurrido a buena parte de todos, sino a la mayoría, el haber sido… el haber descubierto la guitarra a través de Segovia, de su manera de tocar, de producir el sonido, esa manera tan fascinante que tenía de a través de las cuerdas de la guitarra producir una serie de sonidos.

Pues compré una serie de discos y empecé a estudiar la guitarra a partir de eso, sin nadie.
Todo esto ocurrió en un espacio de tiempo muy breve. Al mismo tiempo que yo estaba terminando este peritaje mercantil, mi padre, que trabajaba en una oficina del banco central en Alicante, me dijo si quería entrar a trabajar en el banco porque había una sucursal que uno de los empleados iba a hacer el servicio militar y yo podía sustituirlo. Claro, el hecho de poder aportar algo de dinero a casa en una época que era realmente difícil porque son años de posguerra y yo pienso que sería por el año 51, 52 y la situación era difícil. Mi padre pues tenía que trabajar en el banco, llevaba las contabilidades para poder llevarnos en casa a mi madre a mi hermano y a mí. Entonces entré en el banco.
Pero otra casualidad más. El banco, esta sucursal ubicada en una zona de Alicante, el director pues le hacía la competencia a la central. Es decir, cogía a clientes amigos y les decía:
– Mira, porque no te vienes a la oficina esta donde las cosas son más sencillas, tenemos menos volumen de gente y podemos atenderte mejor.
Y el patrimonio pues aumentaba y el de la central bajaba. Hasta que se dan cuenta en la central que era el mismo dinero y entonces nos destierran. Y nos destierran a Santa Faz para más honra. Santa Faz es una localidad pequeña donde hay un monasterio del mismo nombre y en donde se conservan uno de los paños de la Verónica que se dice que fue la que secó el rostro a Jesús cuando portaba la cruz, que es motivo siempre de devoción allí en Alicante. Pero al mismo tiempo, en Santa Faz está el manicomio.
Entonces para mí, para mis disparates encaja muy bien, ¿no? Ir a trabajar en un sitio de un manicomio. Y allí el director tenía que ir por los bancales buscando clientes para el banco y nosotros no teníamos casi nada que hacer. Para llegar a este sitio utilizábamos como desplazamiento un tranvía que normalmente iba lleno, bastante abarrotado de campesinos que iban a labrar la tierra por aquellos sitios.
Y un día que voy colgado del estribo porque el tranvía estaba lleno y voy silbando algo. Alguien dentro del tranvía pregunta:
J.J.P.- ¿Quién está silbando?
Debió ser algo para piano original lo que silbaba. Y digo:
J.T.- Pues yo.
Es que no me veía. Y dice:
J.J.P.- ¿Es usted pianista?

Imaginad la imagen, la escena. Yo colgado del tranvía, bastante ciego, que apenas podía mantenerme en el poco espacio compartiéndolo con otro más y uno de dentro que me habla y que no le veo.

Y digo:
J.T.- Pues no soy pianista.
Y dice:
J.J.P.- ¿Que toca usted?
Y yo:
J.T.- Intento tocar la guitarra.
Y entonces dice:
J.J.P.- ¿Conoce Usted esto?
Y en el cristal del tranvía me hace (un ritmo con los dedos).
J.T.- Eso podría ser el concierto de Aranjuez.
Y dice:
J.J.P.-¿Con quién estudia Usted?
J.T.- Con nadie.
J.J.P.- ¿Cómo que con nadie?
J.T.- No, estudio solo.
Dice:
J.J.P.- Suba cuando pueda.
Los encuentros
Bueno, conforme iba bajando gente yo iba acercándome. Me encontré con un señor con una planta muy noble, muy elegante, pelo canoso que resulto ser José Juan Pérez director de la Orquesta de Cámara de Alicante en tiempo de guerra que, por razones políticas, por masonería, pues había estado encarcelado y había sido apartado de actividades. Y me dice:
J.J.P.- Bueno ¿sabe Usted quien viene en el tranvía?
J.T.- Pues no.
J.J.P.- Viene Oscar Esplá.
J.T.- Pues muy bien.
No sabía quién era Oscar Esplá. Luego claro resultó que eran íntimos amigos. Oscar Esplá compositor. Oscar Esplá vivía en aquella zona. Y conforme pudimos nos acercamos hasta Esplá y entonces me presenta.
J.J.P.- ¿Cómo se llama usted?
J.T.- José Tomás.
J.J.P.- Bueno, pues este es José Tomás. Es un gran guitarrista y que hace estudios solo.
No me había oído nunca. Fíjate que maravilla. El hombre se entusiasmó de ver que había alguien allí en Alicante que quería hacer música estudiar música, un instrumento y no tenía a nadie. Para él era un milagro. Bueno, Esplá me acogió muy cariñoso y me pidió que fuera a su casa que quería escucharme para después ayudarme en lo que pudiera. Y en efecto fui una tarde a su casa, estuve tocando para él, recuerdo que se fue la luz y yo seguí tocando, con mis chapuzas que podía hacer entonces y el hombre pues me ayudó en el sentido de que fue a la Caja de Ahorros de allí de Alicante para pedir una ayuda económica para que yo pudiera estudiar fuera de Alicante con algún maestro que hasta entonces no tenía. Y no contestaban.

Y eso le molesto mucho a Esplá. Tenía una gran autoridad. Entonces fue personalmente de nuevo para decir a ver qué pasaba con esto. Y le dijeron:
– Es que queremos la opinión de un técnico. Dentro de poco va a venir Narciso Yepes a tocar a Alicante y le vamos a pedir a él que le escuche y lo valore.
Y en efecto, en un concierto que dio Yepes (fue la primera vez que venía por Alicante) cuando terminó el concierto, pues el director general o el presidente del consejo de administración, no recuerdo, dice al público:
– No se vayan ustedes que ahora tenemos otro concierto.
Y ahí me sacan a mí a tocar algo. Toqué algo y Yepes estuvo cariñoso y se ofreció a darme clases. Afortunadamente no lo hice porque somos muy dispares de escuelas, o actualmente ¿no? Y entonces la Caja de Ahorros me concedió una ayuda económica que recuerdo muy bien que fueron 6000 pesetas anuales para ir a estudiar a Madrid.
Primero tuve intenciones de ir a estudiar en Valencia, porque me habían hablado de Rafael Balaguer, al cual yo no conocía entonces y vine a Valencia y me acompañaron mis padres. Creo que fue el primer viaje que ellos hacían después del viaje de novios. No salíamos de casa. Y me acompañaron a Valencia.

Vimos a Balaguer, pero a Balaguer lo iban a trasladar. Y que cosas tan tontas, ¿no? Lo trasladaban a Castellón porque era maestro de un instituto. Y yo, solamente esos pocos kilómetros de más, me supo más cuesta arriba.

Entonces pues, fui a Madrid para estudiar con Sainz de la Maza. Son casualidades también, el hecho de trasladar a Rafael hizo que yo me encauzara por otro lado, porque Regino no era tampoco santo de mi devoción como comprobé, porque era una persona muy nerviosa anímicamente. Era un tipo que difícilmente podía controlarse. El solo hecho de tener a una persona delante de él, pues ya le hacía temblar y ponerse muy nervioso y fallar notas hasta tal punto que tocaba más notas equivocadas que notas reales. Y como los principios que yo había tenido que hacer entonces dentro de esta brevedad de tiempo, me hizo pensar mucho, que es lo que a mi más me ayudó. Pues el hacerme un poco a mí mismo y en la manera de enfocar las cosas… después tienes la influencia por Andrés Segovia que es fundamental naturalmente y todo eso se canaliza de un modo determinado.
Pero yo no podía comprender como los movimientos gestuales de Regino que quitaba mucho, apartaba mucho los dedos de la guitarra. Entonces el dedo hacia un recorrido largo para separase y un recorrido largo para volver al diapasón con lo cual la precisión no existía.
Hoy día lo ves claramente en un partido de la NBA que para hacer una mate de estos, el jugador se levanta y hasta que no tiene el balón dentro de la canasta no da el impulso final.
Y en la mano derecha también tenía una manera de pulsar las cuerdas que a mí se me hacía antipático porque tenía en el oído el sonido de Segovia y esto es una cosa que después he entendido bien, que el sonido tiene que estar en la cabeza de uno. El sonido no está en los dedos ni está en el instrumento, está en la cabeza de uno.
“El sonido no está en los dedos ni está en el instrumento, está en la cabeza de uno”.

Y eso, el sonido lo tiene uno que buscar y encontrar una sonoridad determinada que te satisface y que tiene que hacerse de un modo determinado. Y veis el sonido de Segovia por ejemplo que siempre es el mismo en sus grabaciones y las grabaciones están hechas en épocas distintas y con guitarras distintas. Porque él ha hecho grabaciones con su Hauser, con Fleta, después posteriormente con Ramírez y siempre es el mismo tipo de sonido. Entonces esa visión del instrumento que se adapta al sonido que quiere hacer y le produce, pues, la satisfacción de un timbre determinado que es el que el pretende. Y con esto, con Sainz de la Maza no podía conseguirlo.
Primer contacto con Andrés Segovia
Bueno, allí había más casualidades. Pasa por aquellos días por Madrid Alirio Díaz, que conocéis: el guitarrista venezolano. Me escucha y dice:
– Oye te tienes que ir a Siena, que te oiga Segovia.
Yo cuando me dijo Siena digo “a «senar», a donde sea”. Siena está en Italia, es una ciudad hermosa. La Acaddemia Chigiana, que Segovia hacia cursos de verano. Bueno, fui a Siena. Segovia me acogió muy bien. Oscar Esplá me dio una carta de presentación para él. Y dice:
A.S.: Bueno ¿qué necesitas?
J.T.: Pues estudiar con Usted.
A.S.: ¿Tienes beca?
J.T.: No, solamente tengo el dinero que podía para el viaje y nada más.
A.S.: Qué lástima porque ya están dadas todas. De todas maneras, veremos a ver que se puede hacer.
Y a los 15 minutos lo vuelvo a encontrar y dice:
A.S.: Bueno, ya está solucionado lo tuyo. Tienes una beca para estar en la Academia.
Estoy seguro que lo puso de su bolsillo. Estoy seguro. Porque estaban concedidas las becas y entonces… uno más… y el dinero tiene que salir de algún lado y sale de su bolsillo. Y esto es una parte que quiero que sepa, la generosidad que tenía Segovia con todo el mundo. Era un hombre que ganaba mucho dinero. Sus conciertos se pagaban muy bien. Pero él no permitía que nadie pagara nada cuando estabas en su presencia.
Incluso en los cursos de Música de Compostela que todos los profesores estábamos invitados naturalmente para la estancia, para la manutención, comíamos allí, él se pagaba de su bolsillo la estancia y se pagaba los extras que se tomaba en la comida y si invitaba a alguien, pues nosotros teníamos un numero de habitación, y a veces me invitaba a comer a su mesa y me decía:
– Vente a comer conmigo, a almorzar, vente a almorzar conmigo.
Me sentaba a la mesa y cuando venía el camarero a tomar la comanda, pues yo le decía 202 o 219, la habitación mía y él decía:
– No, no, no, el señor Tomás es invitado mío. Lo pone en mi cuenta.
Ni siquiera… Era un dinero que estaba pagado. Él lo pagaba todo. Esa generosidad a veces se aprovechaba la gente. Y las cositas esas humanas, pero un poquito miserables, ¿no? De los camareros, de los conserjes que llevaban el periódico a la habitación y en vez de echarlo por debajo de la puerta, pues, golpeaban a la puerta para que abriera él y en el momento que abría la puerta enseguida sacaba el monedero y la propina. Y me decía él:
– Mira como son la gente por una propina me hacen levantar ahora que estábamos charlando…

Entonces en Siena es mi primer contacto con Segovia y fue la culminación de todo lo que intuía a través del disco. Cuando vi tocar por primera vez a Segovia en la clase que hizo un ejemplo, entonces sus movimientos no se movían, sus dedos no se movían para nada, ¿no? Era una economía de movimientos muy grande. Y le resultaba tan fácil, tan aparente a la vista que mi primera impresión fue decir, bueno, así yo también toco, así cualquiera. Es tan fácil esto. Pero claro luego te das cuenta que es el resultado de muchos años de trabajo muy minucioso.
Y es el resultado que le permitió llegar a los 94 años y morirse, bueno llegarse a dormir una siesta que solía hacer en un sillón de su casa y olvidarse de despertarse. Se le olvido despertarse. Y ahí se quedó Segovia. Pero hasta entonces seguía tocando. Mientras el caso de Regino, no pudo. A los cincuenta, cincuenta y tantos años tuvo que dejar de tocar. Ni se controlaba ni había notas buenas.
Esto creo que lo tendréis… lo debéis de tener en cuenta los que trabajáis, para que cuando estudiéis recordar que hay que trabajar para un largo plazo y que todos los movimientos que se hacen y se aprenden se convierte luego en una memoria muscular, en gestos espontáneos, gestos naturales. Por eso hay que fijarse cuidadosamente y dirigir con la vista la corrección de los movimientos, para que esa economía de movimientos permita durante los años seguir tocando y seguir pudiendo funcionar.
“Cuando estudiéis recordar que hay que trabajar para un largo plazo y que todos los movimientos que se hacen y se aprenden se convierten en memoria muscular, en gestos espontáneos, gestos naturales”.
Nueva etapa
Yo ahora estoy pasando por una etapa mala porque hace un año, en Tenerife haciendo un curso me di cuenta de algo, que me sucedía algo. Estaba haciendo el curso normalmente y cuando llego al hotel para guardar la guitarra, hasta entonces tocando con los alumnos y bien, no pasaba nada. Pero pongo los dedos en la guitarra y se me queda la mano crispada y no podía tocar, no podía tocar ni una sola nota. Me había quedado únicamente que el gesto primitivo de coger así con las manos, ¿no? La cuerda así. Bueno esto se ha visto que era una trombosis que me ha hecho perder la memoria de la mano derecha. Algo bastante diabólico, para los de ordenador sabéis que un virus puede hacer perder toda la información que tienes en la mano derecha. Y estoy tratando naturalmente por medio del trabajo y de sistema de la disciplina tratar de enseñar a unas neuronas nuevas a que conduzcan los impulsos eléctricos que han de llegar al final. Y es decir a un dedo: Tu muévete y haz esto y toca en esa cuerda.
Pero de momento esto funciona o no funciona. Un dedo se queda al aire y se olvidan movimientos que se han estudiado antes. Me estoy dando cuenta de la importancia de preparar todos los movimientos y de darnos cuenta de la cantidad de cosas que tenemos que hacer para tocar una sola nota.
Si lo pensamos cuidadosamente es muy complicado, es muy complejo. La vista tiene primero que detectar en el papel la nota que tenemos que tocar e inmediatamente va de rebote al cerebro a una orden que dice esta nota es un do, hay que tocarla con el primer dedo de la mano izquierda, en la segunda cuerda en el primer traste y la mano derecha con el dedo medio tienes que pulsar. Y luego eso se produce el sonido y enseguida viene otra orden que es analizar lo que has tocado ¿es correcto lo que estoy haciendo? ¿la nota es limpia, es intensa? No lo es, es débil, el sonido es feo, para poder corregir.
Claro. A todo esto, contado así con la palabra ocupa mucho tiempo, pero cuando lo estamos realizando físicamente es un impulso eléctrico que va con una velocidad más rápido que los Pentium que hay hoy en día. Es mucho más rápido.
Pero observado, por ejemplo, en mi recuperación estas veces que intentaba tocar en la tercera cuerda, luego pasar a la segunda cuerda y el dedo pasaba sobre la cuerda y no tocaba. Entonces estás viendo que el dedo es correcto, hace esto, do, re, mi y el dedo por encima de la cuerda porque se me había olvidado.
Me di cuenta de que faltaba el pequeño impulso de desplazar un poquito más la mano para que el ángulo que pongo para atacar, que ponemos para atacar a una cuerda sea el mismo en la cuerda siguiente. O sea, ese pequeño gesto de avanzar un poquito la mano.
Todo esto me ha llevado un mes. Desesperado. Y cuando era una cosa tan natural y tan espontánea que hacía a los 17 años, cuando comenzaba era tan fácil y tan rápido, pero ahora cuesta mucho porque ahora es cuando se justifican los años jurásicos que me has aplicado. Ahora a los 61 no es lo mismo que empezar a los 17. Pero bueno hay tiempo, con paciencia. Espero que haya bastante tiempo.
Los tres Maestros: Segovia, Regino y Pujol
Entonces a partir de aquel momento es cuando ya empieza una relación con una cierta frecuencia con Segovia. Primero fue solamente un año, que fue ese curso de Italia en Siena, pero ya Segovia, tuvo una deferencia conmigo y por lo visto no lo hacía muy mal, dentro de esto que hacía por mi cuenta, porque me eligió para el concierto de fin de alumnos de los alumnos donde tocamos John Williams, Alirio Díaz, Rodrigo Riera y otro. Tocamos allí en ese concurso. También toqué con Emilio Pujol que es otro de los maestros del que también he recibido una gran influencia, sobre todo por la bondad tan grande que derrochaba este hombre y un amor tremendo por la música y por la guitarra y el amor por la música antigua, por los vihuelistas, por los laudistas, las tablaturas. Entonces esto trabaje con él y después lo aplique a mí mismo y me ha servido también para buscar entre los laudistas más repertorio, ampliarlo.

O sea, he conocido los tres maestros que había entonces, Segovia, Pujol y Sáinz de la Maza, con tres características distintas. Segovia era el maestro que podía dar conciertos, porque viajaba por el mundo y conquistaba los teatros y todos los públicos, Sáinz de la Maza tuvo que dejar de tocar por razones que eran antiguitarrísticas, que son los nervios que no controlaba y la imprecisión en la manera de tocar y Pujol que prácticamente había dejado de tocar porque estaba afectado por un cierto Parkinson que le producía un temblor en la mano que claro no le dejaba precisión.
“He conocido los tres maestros que había entonces, Segovia, Pujol y Sáinz de la Maza, con tres características distintas”.
Santiago de Compostela
Pero lógicamente el trabajo más continuado fue con Andrés Segovia. Cuando yo fui a ver a Segovia, fue en el año 55, lo puedo recordar y si empecé en el 51, tenía cuatro años de experiencia cuando fui a Segovia. Y después inmediatamente vino el obligado servicio militar, la interrupción que fue en el 56 y 57 y lo hice en Alicante, además. Y en el año siguiente, en el 58 entonces, Segovia comenzó los cursos de música en Compostela. Entonces al hacerse en España estos cursos de Segovia ya no tenía necesidad de desplazarme a Italia y por lo tanto apliqué una petición para ir a los cursos de Compostela y me concedieron una beca para allí donde reanudé el contacto con el maestro Segovia. Y Williams también porque coincidíamos en este aspecto.
Al año siguiente en el 59 fue mi gran doctorado ¿no? El susto. Porque tenéis que comprender que para un joven en aquel momento con la admiración hacia el maestro tan grande como era Segovia pues me lo encuentro en el pasillo, en el hall, mejor dicho, del Hostal de los Reyes Católicos. Iba con Gaspar Casadó, violonchelista.
Iban cogidos del brazo y me ve y me dice:
– Ven aquí.
Tenía un gesto autoritario. Me sorprende un poco. No sabía que había hecho o equivocado.
– Tengo una cosa que decirte. Mira, a partir del próximo año, tú vas a ser mi auxiliar y sustituto para estos cursos.

Me entró una temblaera en las piernas, porque era una responsabilidad grande ¿no?
Yo a veces me he preguntado qué es lo que vería Segovia en aquel momento. Posiblemente un rigor en la manera de tocar la música que no era frecuente en los guitarristas, más bien raro porque tengo que agradecerme el no haber tenido un maestro al principio, aunque parezca algo vanidoso, pero es que no tuve una influencia que podía ser negativa en los primeros pasos cuando estuve solo.

La única influencia que tuve fue este director de orquesta, Pepe Juan, que no me enseñaba solfeo, no me enseñaba cosas de música, me dejaba partituras y discos. Y entonces yo aprendí realmente la música con la 5ª sinfonía, la 40 de Mozart o con la historia del soldado de Strawinsky donde tenía el ejemplo sonoro y la partitura para ver lo que estaba. Y el me comentaba los timbres, me dejaba libros.
Entonces encontré el libro del tratado de instrumentación de Casella donde vas viendo el color de todos los instrumentos, las combinaciones que se pueden hacer y ya vas teniendo un mundo amplio y ves que la guitarra, como pueda ser el piano o el violín, es un islote en medio de un océano que son vehículos que transmiten el mensaje musical.
Después con el paso del tiempo pues viendo cosas de ese libro de Cabezón donde habla de un tratado de música para arpa, tecla y vihuela algo tan dispar como puede ser el arpa con todas las cuerdas pulsadas al aire nada más, la tecla con todos los instrumentos pulsados totalmente en un teclado y la vihuela que es similar a la guitarra. Entonces lo importante es la música, es el vehículo el que transmite estos sonidos.
“Tengo que agradecerme el no haber tenido un maestro al principio”.
Bueno ya desde el 59 fui permanentemente a los cursos de Compostela como auxiliar de Segovia y sustituto en los momentos en los que él no estaba. Y entonces donde a partir de ese momento se convierte en una relación bastante frecuente y donde podrían aparecer una serie de preguntas que espero vengan. Mientras haya una pregunta yo descanso un segundo y luego busco en los recuerdos que podrían ser y cualquier aspecto dentro de la figura de Segovia.
Enlaces directos a los Vídeos de esta 1ª parte de la Conferencia de José Tomás

