“La ejecución del valenciano Jorge Orozco, guitarrista e investigador de la figura de Estanislao Marco (1873-1954), también guitarrista, es excelente: pulsación exacta, sonido limpio, dominio de la técnica (sirva de ejemplo el trémolo de la contemplativa Noche de luna, de García Fortea) y sobre todo, un planteamiento interpretativo muy adecuado para este tipo de música, que según el criterio generalizado es “fácil”, pero que tiene su dificultad para no resultar cursi ni insulsa.
Un CD atractivo, de escucha muy agradecida, cuyo valor más destacado es el dar vida a la música de tres autores valencianos que encontraron en la guitarra el vehículo idóneo para expresar sus inquietudes musicales.”
José Prieto Marugán
Melómano digital 17/01/2018
Contenido del booklet del CD «Los amigos valencianos de Tárrega»
Justificación
La Asociación Requenense de Musicología tiene entre sus fines la recuperación, preservación y difusión de la música creada por los compositores de su ámbito de actuación.
El presente CD es una muestra perfecta del cumplimiento de estos fines. Bajo el título principal de Los amigos valencianos de Tárrega, presenta todas las partituras recuperadas de tres músicos y guitarristas valencianos cuyas obras, por diferentes motivos, habían caído prácticamente en el olvido y que este CD ayudará a preservar y difundir.
En 2016 se celebró en Requena, su ciudad natal, el primer centenario del nacimiento del concertista de guitarra Práxedes Gil-Orozco Bastidas (Requena, 1857-1916) quien, a pesar de tener un apellido famoso en la localidad, un libro biográfico reciente, así como una calle dedicada, estaba olvidado en su escasa pero interesante faceta compositiva. Esta grabación es también un homenaje en su centenario.
Severino García Fortea (Siete Aguas, 1854 – Valencia, 1931), a pesar de ser muy conocido en el mundo de la guitarra española de concierto por sus arreglos para el instrumento de obras de otros compositores (en especial Albéniz) y por haber sido médico personal, vecino y amigo íntimo de Francisco Tárrega, seguía siendo poco conocido en su faceta personal de compositor para las seis cuerdas; alguna obra suelta, pero nada más. Este CD recupera todas las obras originales para guitarra que han podido ser recuperadas, en este caso gracias a la labor musicológica del concertista Jorge Orozco, que ha recopilado el archivo personal de García Fortea, con vistas a su edición y difusión.
El CD se completa con la única obra editada de otro de los grandes intérpretes de la época de Tárrega, también amigo personal del músico villarrealense: José Martínez Toboso (Valencia, 1857-1913) quien, si bien nacido fuera del ámbito en el que se mueve nuestra Asociación, fue el perfecto compañero de Gil-Orozco en su gira por los países de la América Latina, allá por 1889, además de amigo de por vida, como demuestra su actuación en Requena, junto a Tárrega, en noviembre de 1900.
Esperamos, con sinceridad, que estas composiciones, en su inmensa mayoría en primera grabación mundial, ayuden a que los músicos y aficionados a la guitarra se interesen por conocer a los compositores que las crearon y, como no, a que su música sea interpretada de nuevo.
Damos las gracias a la Fundación «Ciudad de Requena» y a los Ayuntamientos de Requena y Siete Aguas, por su colaboración, sin la cual este proyecto no hubiera sido posible.
Asociación Requenense de Musicología
NOTAS BIOGRÁFICAS. Marcial García Ballesteros
Praxedes Gil-Orozco Bastidas. (Requena, 21/VII/1857-3/XII/1916)

Desde muy joven se interesó por la guitarra escuchando a escondidas las clases que recibía en casa su hermano mayor, Jacinto.
Estudió en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza, de Requena, para pasar a cursar Derecho en Valencia, hacia 1874, donde recibió clases de guitarra del afamado profesor Francisco Rocamora y conoció a Tárrega, Martínez Toboso y García Fortea, entre otros
Durante varios años amplió sus conocimientos de guitarra en la capital valenciana mientras trabajaba como oficial de contabilidad en la gerencia de una compañía de ferrocarriles y afianzó su amistad con el joven guitarrista valenciano José Martínez Toboso, que empezaba a ser famoso por sus actuaciones en la Sociedad «El Iris», de Valencia y que pronto comenzaría su carrera en solitario o en compañía de otros guitarristas, lejos de la capital del Turia.
Animado por Toboso, poseedor de una guitarra de once cuerdas construida por Antonio de Torres hacia 1876, Gil-Orozco adquirió otra de estas guitarras especiales y la estudió en profundidad (posiblemente se trate de la guitarra SE 71 que perteneciera al concertista José Rojo y Cid).
Por fin, a principios de 1888, Gil-Orozco dimitió de los Ferrocarriles y formó pareja artística con Martínez Toboso, presentándose en concierto en Valencia, en el Salón Solís, a finales de enero de dicho año. También a finales de ese año Tárrega se instaló en Valencia, por lo que es posible que nuestro biografiado recibiera algunas clases suyas, puesto que en años posteriores lo incluiría en sus escritos como uno de sus maestros.
A principios de 1889, con casi treinta y dos años, Gil-Orozco y Martínez Toboso se embarcaron para Sudamérica en busca de fama y fortuna, dando una serie de conciertos, muchos de ellos bien documentados en la prensa, por Venezuela, Barbados, Trinidad y Tobago y especialmente, Brasil, donde actuaron en diversos estados con gran éxito.
Fruto de esa triunfal gira, Gil-Orozco decidió quedarse en la ciudad de Sao Paulo (Brasil) y Martínez Toboso continuaría su periplo americano por Argentina, para volver de nuevo a España dos años después.
Gil-Orozco continuó su labor interpretativa en solitario, en Brasil, emprendiendo a la vez algunos negocios que le dieron cierta fortuna e independencia económica, colaborando, en 1894, en la fundación del diario paulista «La Iberia», semanario en castellano para la colonia española de Sao Paulo. En dicho periódico sería redactor hasta 1902, aportando artículos de fuerte contenido patriótico, así como apoyando colectas para el voluntariado de la guerra de Cuba o tomando parte activa en la creación de la Sociedad Española de Beneficencia de Sao Paulo. En 1896 sería socio fundador del «Orfeón Español» de Sao Paulo.
En 1899, a causa de la muerte en Requena de su hermana Concepción, realizó un viaje a España que le tendría entre los suyos hasta mediados de 1901. Durante estos casi dos años de permanencia en Requena, publicó algunas colaboraciones en periódicos locales y contrajo matrimonio con María García Carcasona, huérfana acogida en casa de sus padres durante muchos años.
En noviembre de 1900 (24 y 25) se celebraron en el Teatro Romea de Requena dos memorables conciertos de guitarra a cargo de tres viejos y grandes amigos: Francisco Tárrega, José Martínez Toboso y Práxedes Gil-Orozco. Este concierto, del que se habló durante muchos años en la ciudad y del que, sin embargo, nada se refleja en las diversas biografías existentes de Francisco Tárrega, está documentado en la prensa requenense y en el programa de mano que la familia Gil-Orozco todavía conserva.
Tras el regreso a Brasil, con su esposa, reanudaría sus quehaceres en «La Iberia» y en sus negocios brasileños.

Hacia 1902 sufrió un accidente gravisimo al caerle un cable de tranvía en la cabeza y dejó la redacción del periódico. Un año más tarde nació en Sao Paulo su único hijo, Práxedes.
En 1904 todavía ofreció un concierto de guitarra en el Salao Carlos Gomes, de Sao Paulo.
Quizás porque su salud estaba cada vez más resentida, en 1907 la familia Gil-Orozco regresó definitivamente a España, fijando su residencia en Requena, en el viejo barrio de La Villa que le vio nacer.

Algunos conciertos ocasionales para sus paisanos mantuvieron viva en él su pasión por la guitarra, que no le abandonaría nunca. Incluso medió para que llegaran a Requena algunos de los más afamados concertistas del momento, escribiendo artículos apasionados sobre estas actuaciones en la prensa local y provincial. Así, en agosto de 1910, glosó la actuación de Daniel Fortea en el Teatro Romea.
Trabajó ocasionalmente como oficial de secretaría en el Ayuntamiento de Requena, aunque su salud siguió resintiéndose.
Falleció el 3 de diciembre de 1916 en su Requena natal, siendo despedido en duelo multitudinario por sus paisanos
Compositor ocasional, su amigo Daniel Fortea, en su famosa biblioteca, editó tres obras para guitarra que siguen estando en su catálogo: el vals «Recuerdo de Pernambuco», una polca titulada «María» y una «Gavota».
Su guitarra de once cuerdas no se ha conservado, pero entre los recuerdos que guardan sus nietos, se encuentra una guitarra de seis cuerdas que él llamaba «la de concierto», construida por Vicente Arias en 1895.
Severino García Fortea. (Siete Aguas, 2/IX/1854-Barcelona, 4/1/1931)

En ocasiones, personajes interesantes y a la vez importantes en cualquier materia, quedan oscurecidos para la historia por su relación con otros cuya brillante biografia eclipsa, sin que ellos lo pretendan, el conocimiento de la figura secundaria.
Este es, sin duda, el motivo de que García Fortea, aunque documentado en diversos medios, en especial diccionarios musicales, siga siendo desconocido incluso en su pueblo natal: Siete Aguas.
Severino García Fortea, médico militar, guitarrista aventajado, compositor y arreglista, fue uno de los mejores amigos de Francisco Tárrega, hasta el punto de acompañarle en el momento de su muerte. Su nombre es citado una y otra vez en biografías y diccionarios junto al del gran maestro de la guitarra moderna, pero hasta ahora, las entradas en esos diccionarios han sido breves y repetitivas.
La reciente localización y recuperación del archivo personal de García Fortea, en proceso de catalogación, nos está haciendo descubrir a un músico mucho más importante y significativo para la historia de la guitarra de lo que nos han hecho creer hasta ahora, sin duda sin pretenderlo, quienes han hablado de él. Esperamos que esta grabación ayude a conocer a un gran compositor y arreglista que merece lugar de honor entre los músicos surgidos en torno a Francisco Tárrega.
Como veremos, es curioso y significativo que alrededor de la figura de Tárrega surjan una serie de guitarristas valencianos que, aunque en menor medida, van a ser importantes en la historia de la guitarra que renace con el músico villarrealense y se lanza con fuerza hacia la modernidad: José Martínez Toboso (Valencia), Práxedes Gil-Orozco Bastidas (Requena), Severino García Fortea (Siete Aguas), Estanislao Marco Valls (La Vall d’Uixó), Daniel Fortea Guimerá (Benlloch), etc.
Severino García Fortea nació en Siete Aguas el 2 de septiembre de 1854, casi dos años después que Tárrega. Era el noveno de trece hermanos, nacidos entre 1844 y 1862, todos en Siete Aguas. Su padre, Juan Garcia Gil, también era de allí, aunque su abuelo paterno, Agustín García-Izquierdo Donato, era natural de Requena y casado con una sieteagüense, Josefa Gil Sánchez. Su madre, Francisca Fortea Zanón y su abuelo materno, Francisco Fortea, eran de Valencia y, por lo que puede apreciarse en el acta de nacimiento, del barrio de Ruzafa, siendo también sieteagüense la abuela materna, Santiaga.
Revisando sus datos genealógicos, sabemos que el apellido familiar, hasta la generación anterior a su padre, era compuesto: «Garcia-Izquierdo»; algo que venía al menos de sus tatarabuelos. El añadido «Izquierdo» se pierde en su padre.
De su infancia y juventud nada sabemos a ciencia cierta. Debió tener aptitudes para las ciencias, pues siendo uno de los hermanos pequeños no era habitual que la familia le diera estudios y, sin embargo, tenemos documentado su ingreso en el Instituto de Segunda Enseñanza «San Pablo» (hoy Luis Vives) de Valencia, en septiembre de 1867, con trece años, terminando el bachiller en junio de 1871. En el siguiente curso, 1871-72, ya le vemos matriculado en la Facultad de Medicina de Valencia, de la que pasaría con posterioridad a la de Barcelona.
En nuestra opinión, todavía una hipótesis de trabajo, el joven Severino debió estar interno en algún colegio mayor o, lo más probable, residiendo con la familia de su madre en el barrio de Ruzafa, pues es improbable que la familia se trasladara de Siete Aguas a Valencia con tanta prole (la hija más pequeña nació en el pueblo en 1862).

Aunque Emilio Pujol, en su Ensayo Biográfico sobre Tárrega, afirma que Severino y Paco se conocieron durante el servicio militar, que ambos realizaron en Valencia; recientes descubrimientos en el archivo personal de Garcia Fortea nos hacen pensar que esta amistad se fraguó mucho antes. En el manuscrito de unos Estudios de Stephen Heller, arreglados para guitarra en 1900, Severino escribió de su puño y letra «Colección de 6 estudios de S. Heller, Op. 47, arreglados para guitarra por el Doctor Severino García dedicados a su antiguo maestro y amigo de la infancia Don Francisco Tárrega».
«Amigo de la infancia». ¿Pudieron conocerse Tárrega y García Fortea mucho antes de coincidir en el servicio militar o la dedicatoria era una forma de decir que se conocían desde jóvenes? Si así fuera, podria haber sido cuando «a sus trece años [1865), Tárrega escapa por segunda vez de casa; en Valencia se une a un grupo de músicos adolescentes que bajo el pretexto de la música recorren los cafés y sisan y tiranizan a los comerciantes» (Moser, 2009, p. 385, citando a Francisco Cantó), o también durante una tercera fuga, año y medio después [1867), también a Valencia y para seguir con las mismas compañías y otras nuevas (Moser, 2009, p. 32-33).
A la vista del expediente académico, nos inclinamos por esa «tercera fuga» de Tárrega, en 1867, pues es el año en que Garcia Fortea comenzó sus estudios secundarios. El que Severino, un jovenzuelo de trece años, aprendiera los rudimentos de la guitarra en alguna de las sociedades recreativas valencianas que tenian liceo musical no es un pensamiento descabellado, pues lo que afirma Pujol en algunos párrafos no se contradice con esta hipótesis:

«Sucesivos reemplazos iban llegando al cuartel de Tárrega en Valencia. De uno de ellos formaba parte un recluta, estudiante de medicina, muy diestro en la guitarra, al que de continuo rodeaba un corro de admiradores. Había oído al entonces famoso Arcas, y se inspiraba en su recuerdo para seguir sus huellas. Llamábase Severino García Fortea, y había nacido en Sieteaguas [sic], pintoresco lugar montañoso de la provincia de Valencia al que dan nombre sus ricas fuentes medicinales. Atraído Tárrega un día por los sones de una guitarra que la barahúnda de voces y ruidos del cuartel no conseguían apagar del todo, acercóse al circulo que rodeaba al futuro galeno y, sorprendido de oir en tal lugar y ocasión una guitarra pulcramente pulsada, felicitó al compañero desconocido y departió con él largo rato, quedando sellada entre ambos una amistad sincera que jamás habría de verse interrumpida».
Como vemos, Pujol sitúa ese primer encuentro unos seis años después, cuando Severino realiza el servicio militar y, según nuestras fuentes, también se ha casado.
Con diecinueve años, 1873, contrajo matrimonio en Chiva con Paula Malea, natural de dicha localidad. Por desgracia, ningún dato, ni la más mínima cita, tenemos de ella en la documentación consultada, pero el hecho de que conste en documentos otra esposa, Consuelo García Cellalbo, que dejó viuda al morir, indica que Paula debió fallecer algún tiempo después de la boda.
Tampoco sabemos, por el momento, de cual de estos dos matrimonios era «su inolvidable hija Adelina», a quien va dedicada una de sus partituras originales. Ninguno de los autores que citan a García Fortea en cuanto a su relación con Tárrega hace mención de sus matrimonios o descendencia (murió sin hijos). En cualquier caso, fuera antes o después, queda claro que entre ambos jóvenes guitarristas se estableció una amistad inquebrantable que iba a durar toda la vida; solo interrumpida por la muerte del gran maestro de Villarreal.
Si el biógrafo acierta (Gil-Orozo, 2011, p. 46), también fue en 1873 cuando Práxedes Gil-Orozco llegó a Valencia para estudiar derecho, con su guitarra bajo el brazo. Valenciano era también el joven guitarrista José Martinez Toboso, con quien este último coincidiría en la Sociedad «El Iris». Este ambiente de seis cuerdas se agrupaba alrededor del profesor y concertista Francisco Rocamora, que enseñaba según el método de Aguado (Gil-Orozco, 2011, p. 50), en cuya casa se reunían los jóvenes, incluyendo a los soldados Tárrega y García Fortea.
El servicio militar daría un giro a la vida de García Fortea, quien no renunciando a sus estudios de medicina optó también por la vida castrense. La información que hemos manejado nos hace pensar que la carrera militar de nuestro personaje corrió pareja a sus estudios de medicina y que, por otro lado, su profesión de médico y el hecho de que la desempeñara dentro de la Escala de Reserva, con un cómodo destino en Cataluña, primero en Tarragona y después en Barcelona, le permitieron dedicar el tiempo necesario a su verdadera pasión, la guitarra, junto al amigo de juventud y compañero de madurez, Tárrega, a quien los biógrafos indican también como maestro del músico de Siete Aguas.
Por los Anuarios Militares sabemos que ingresó en el Ejército como profesional con fecha 24 de junio de 1875, a los veintiún años. La asimilación al grado de teniente segundo se hizo con fecha retroactiva de 24 de junio de 1876, lo que marcó su antigüedad en la oficialidad (se jubilaría con el grado de capitán).

El hecho de ser reservista permitió a Severino cursar sus estudios médicos con muy buen aprovechamiento en la Facultad de Medicina de Barcelona hasta 1884.
Pero Barcelona, como domicilio estable junto a Tárrega, llegaría años después. Por el momento la separación era obligada, Severino continuó su servicio militar mientras Tárrega, tras acabar su periodo en filas, marchó en 1874 al Conservatorio de Madrid.
El matrimonio Tárrega y su hijo pequeño, Paquito, se trasladó de forma definitiva a Barcelona a mediados de 1884, pasando por varios pisos y aumentando la familia en dos hijas, hasta que a mediados de 1888 se instalaron en su último domicilio, el primer piso del nº 234 de la calle de Valencia. En el segundo piso vivía su gran amigo Severino García Fortea.
Esta proximidad acrecentó el vínculo entre ambos músicos. Severino pasaría de alumno a compañero musical, siempre en privado, pues el sieteagüense jamás actuó en público, solo entre los amigos guitarristas que visitaban a Tárrega.
Emilio Pujol cuenta sus visitas a casa de los Tárrega y describe la vida cotidiana del maestro. Entre otras cosas nos cuenta como eran las tardes (Pujol, 1978, p. 157):
«A veces, la llegada de algún importuno le interrumpe. Todos los días, al caer la tarde, acuden amigos íntimos y aficionados con el deseo de escucharle. A las siete, con puntualidad matemática, se presenta el doctor García Fortea, que se da el placer de tocar a dos guitarras con el Maestro y que se despide a las ocho en punto».
Esa intima amistad con Tárrega, al que frecuentaban los grandes músicos catalanes de la época, haría que también les conociera Severino y que con el tiempo creciera su admiración por algunos de ellos, como Albéniz, cuya música sería la más transcrita por García Fortea (Pujol, 1978, p. 98):
«Contaba entonces [1888] Tárrega entre sus amistades a Granados, Albéniz, Maltas, Vidiella, Goula, Millet, Rodoreda y Casals; y entre sus conocimientos figuraban todos los músicos de la ciudad condal, en mayor o menor grado. Fueron también amigos suyos la casi totalidad de los pintores y escultores residentes en Barcelona, así como también los guitarristas Ferrer, Bonet, García, Bosch, Ferrán, Más y Federico Cano…».
Severino García Fortea permanecería en Barcelona toda su vida. Aunque su actividad musical se limitó, en lo guitarristico, a veladas particulares y a sus dúos domésticos con Tárrega, su vitalidad artística le llevaría a componer diversas piezas para guitarra y, sobre todo, a realizar multitud de arreglos de obras de otros compositores para el instrumento de seis cuerdas, con especial interés en la obra de Albéniz, de quien se propuso transcribir toda su obra para piano y de cuyos arreglos publicó bastantes en diversas editoriales españolas y francesas. Estos arreglos le acarrearon tanto parabienes como críticas de otros intérpretes, pero no cabe duda de que amplió el repertorio guitarrístico con una base editorial muy importante.

Como decimos, la reciente recuperación de su archivo personal por parte del concertista de guitarra valenciano Jorge Orozco, dará mucho que hablar en los próximos años respecto a la figura de García Fortea, un músico nombrado por muchos pero desconocido por casi todos y del que estamos localizando nuevos datos cada poco tiempo.
Este archivo, compuesto por más de doscientas partituras, la mayoría inéditas, tanto en lo que se refiere a obras originales como adaptaciones para guitarra de autores como Beethoven, Bellini, Bizet, Chopin, Falla, Grieg, Haydn, López Almagro, Mendelssohn, Mozart, Schubert, Schumann, Serrano…, es una fuente documental de incalculable valor para el conocimiento de este hijo de Siete Aguas.
Solo algún apunte más sobre la relación con Tárrega. A mediados de diciembre de 1909 la salud del maestro se deterioro y el final no tardó en llegar (Pujol, 1978, p. 207): «… una gran depresión nerviosa había acentuado su malestar físico, y una intensa tristeza se apoderó de su ánimo. La noche del 13 al 14 fue de fatiga y de insomnio. Un trastorno general de síntomas alarmantes le tuvo postrado en el lecho, y fueron llamados con urgencia los doctores Gudel y García, quienes reconocieron al enfermo y pronosticaron el caso de suma gravedad». Así, queda claro que el gran amigo y compañero musical de Tárrega, Severino García Fortea, estuvo presente en los últimos momentos del gran guitarrista, ofreciéndole su apoyo moral y su atención profesional. Del afecto que Tárrega profesaba al amigo de la juventud da cuenta la dedicatoria de una de sus obras, el estudio de trémolo ¡Sueño! En la edición alemana de Tobías Haslinger se puede leer el siguiente encabezado: «A mi querido amigo el notable aficionado Dr. D. Severino García».
Si analizamos la documentación archivística relacionada con García Fortea, es evidente que el músico, como alumno y aventajado intérprete, no quiso destacar en ningún aspecto en vida del maestro Tárrega.
La labor transcriptora de García Fortea fue temprana y seguramente al calor del trato con Tárrega. Ya lo hemos podido ver en los Estudios de Heller, de 1900, pero fue a partir de la segunda década del siglo cuando Severino se lanzó a la publicación de sus arreglos para guitarra de las obras de aquellos grandes compositores a los que conoció personalmente y cuya música admiró: Albéniz, Granados, Malats… además de sus propias obras. Otras muchas, como citamos, quedaron inéditas en las carpetas del músico.
Severino García Fortea falleció en Barcelona, su ciudad de adopción, el 4 de enero de 1931, con setenta y seis años. Nunca olvidó mencionar a quienes le conocieron y escribieron sobre él que era valenciano y había nacido en Siete Aguas.
José Martínez Toboso. (Valencia 1857-23/1/1913).

Intérprete de guitarra dotado de excepcionales condiciones a lo largo de los últimos treinta años del siglo XIX, durante los cuales desplegó una constante e ininterrumpida actividad de concertista dentro y fuera de España, recibiendo por doquier entusiasta acogida.
En 1875, con dieciocho años, se encontraba en Sevilla, donde fue escuchado y aplaudido en el Alcázar por la familia real española. En 1876, el famoso guitarrero Antonio de Torres construyó para él una guitarra de once cuerdas (SE 02) que sería su instrumento de concierto durante el resto de su vida.
Baltasar Saldoni, en sus Efemérides de Músicos Españoles, cita al músico valenciano como actuante en los conciertos de la sociedad valenciana «El Iris». Este hecho es corroborado por la publicación «Crónica de la Música», de Madrid (25/XII/1879) en estos términos: «En la nueva sociedad El Iris, con objeto de proporcionar grato solaz a las familias de los socios, se celebrarán semanalmente conciertos que darán el resultado apetecido. Pero lo verdaderamente notable de los mismos son las habilidades sorprendentes que está demostrando poseer un joven concertista de guitarra, el señor Martínez Toboso, quien, sin exagerar el elogio, es un digno émulo de Huerta, Arcas y otros no menos celebrados. Cada noche que toca alcanza una ovación y en la última recibió del presidente de la sociedad una riquísima corona que es una verdadera obra de arte».
En septiembre de 1880 le tenemos en Madrid junto a otro concertista valenciano, Enrique Romans. Dice la «Crónica de la Música» (Madrid, 9/IX/1880): «Han llegado a Madrid los notables concertistas de guitarra Sres. Romans y Martínez Toboso, que han residido algún tiempo en Orán. Vienen con objeto de dar algunos conciertos en Madrid, y han empezado por darse a conocer en una fiesta íntima en el jardín de la redacción de El Liberal. Martínez Toboso y Romans -dice nuestro estimado colega- se han estudiado de tal manera el uno al otro, se conocen tan bien, se completan con tal perfección, que las dos guitarras tienen en manos de ellos el valor de una orquesta. De este modo han vencido las dificultades de expresión de que, tratándose de cierta clase de música, adolece la guitarra, y consiguen ejecutar con rara maestría las más aplaudidas piezas de concierto. Entre otras que aplaudimos anoche con entusiasmo figuran el Minuetto de Bocherini, La Primera Lágrima, de Marqués, y la Gavota de Arditi». Los conciertos de esta pareja de guitarristas tuvieron lugar, casi todos, en el salón del Liceo de Capellanes, de la capital madrileña.
En 1882 emprendió una larga gira de conciertos por pueblos de España y Portugal, acompañado del joven guitarrista José Rojo, que a la sazón apenas contaba quince años. Por entonces contrajo matrimonio en Málaga con la que habría de ser su primera esposa, Joaquina Escaño, profesora y así mismo notable guitarrista, que poco tiempo después y residiendo en Madrid, se quitaría trágicamente la vida. En 1884 le encontramos en el balneario de Betelu (Navarra) como parte del séquito de Alfonso XII, formando pareja con otro guitarrista, apellidado Doreno, y en 1887 de nuevo en Madrid. A principios de 1888 formó pareja, en Valencia, con el concertista requenense de su misma edad y amigo de la juventud, Práxedes Gil-Orozco Bastidas, actuando en enero de dicho año en la capital del Turia. A principios de 1889 emprendieron juntos una triunfal gira por el continente sudamericano que les llevaría a dar conciertos en Venezuela, Barbados, Trinidad y Tobago y, especialmente, en Brasil, país que recorrieron casi estado por estado, siendo aclamados como excepcionales guitarristas por la prensa de las ciudades en que actuaron. En 1890, Toboso, como se le conocía, continuó su gira en solitario por el continente sudamericano, una vez que Gil-Orozco decidió fijar su residencia permanente en Sao Paulo (Brasil), triunfando con sus actuaciones en Río de Janeiro y Buenos Aires.
En 1891 estaba de nuevo en España con otro acompañante musical. «La Ilustración Musical Hispano-Americana» (15/11/1891) cita un «Concierto del guitarrista valenciano José Martínez Toboso, en unión de Luis de Soria, en la calle Fontanella (Plaza Cataluña) en la tienda de música del Sr. Maristany».

A finales de noviembre de 1900 ofreció dos extraordinarios conciertos en el Teatro de Requena (Valencia), en compañía de sus amigos Práxedes Gil-Orozco y Francisco Tárrega, rememorando viejos tiempos, que tuvieron un éxito grandioso. El periódico «El Somatén», de Requena (25/XI/1900) daba cuenta del hecho de esta manera: «El Somatén tiene la honra de dirigir desde sus columna un entusiasta y cariñoso saludo a nuestros ilustres huéspedes, los eminente guitarristas señores Tárrega y Toboso, que accediendo a los deseos de su compañero, nuestro querido paisano y amigo señor Gil-Orozco, vienen a coadyuvar al engrandecimiento y prosperidad de Requena y a manifestar lo muy alto que han sabido calar el nombre español en el extranjero con su poderoso talento artístico». En el mismo ejemplar del citado periódico se daba cuenta más adelante de que «anoche se celebró el primero de los conciertos anunciados… Solo diremos que el éxito alcanzado por Tárrega, Toboso y Gil-Orozco ha sobrepujado a todas las esperanzas y que las ovaciones tributadas por el público a los eminentes músicos fueron merecidas, continuadas y frenéticas».

En 1903, el Barón de Alcahalí (José Ruiz de Lihory), en su Diccionario Biográfico y Crítico de Músicos Valencianos, decía de Toboso: «Hoy su forzado retraimiento, por falta de salud, sumado a las nuevas orientaciones en el gusto musical, han desdibujado algo su popularidad; pero se le reconoce siempre como el más genuíno representante en Valencia del virtuosismo en el dificil instrumento de la guitarra. Admirador, pero refractario del clasicismo, en este popular instrumento, ha dejado a Tárrega que cultive las sonatas (sic) de Mozart, Beethoven y Mendelssohn, limitándose él a interpretar, si bien de una manera maravillosa, las melodías populares y la música graciosa y sugestiva».
Solo se conoce una composición suya, titulada «Viva la Pilarica», editada por Casa Dotesio, de Madrid, en 1911, y denominada como «Gran Jota Aragonesa para Guitarra”. Esta composición es atribuida erróneamente en algunos catálogos a José María Toboso, por cuanto en la edición citada se abrevia el nombre y primer apellido a J.M. en la portada y no queda claro en el interior, por el tamaño de la letra, si pone José Ma o Mz. La composición se encuentra custodiada en el Archivo de la S.G.A.E. en Madrid, formando parte del Fondo donado por la Unión Musical Española.
Las guitarras de la grabación:
Jorge Orozco interpreta todos los temas con una guitarra Franz Butscher (2004), «exceptuando Recuerdo de Pernambuco» grabado con una guitarra Joaquín García (2006)
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Portada y contraportada del álbum «Los amigos valencianos de Tárrega»


